Los españoles somos bien conocidos en el resto de Europa por nuestras costumbres tardías a la hora de comer. Mientras un inglés a las 7 de la mañana ya ha desayunado (de una manera que, a mi juicio, le puede servir para todo el día), un españolito está todavía dormido a pierna suelta y, si tiene la mala suerte de trabajar a esas horas, dad por seguro que no desayunará hasta pasadas un par de horas al menos.
Y ya ni os cuento si el día anterior ha tenido que patear todo Londres para llegar al concierto de Darren Criss.
El caso es que esta preciosa mañana de jueves, mis amigas y yo hemos perdido el desayuno del hotel. Entendednos: estábamos muertas, el cielo plomizo y sin un puñetero claro nos ambientaba con una oscuridad que invitaba al sueño, y el (violento) repiqueteo de la lluvia en la ventana nos relajó como si se tratara del sonido de esas fuentecitas chinas que venden en Alehop.
Pero no todo estaba perdido, porque teníamos de nuestra parte esa red-salvavidas de supermercados 24 horas, Tesco. Allí, nos hemos hecho con un zumo y unos donuts que, cómo deciros… Estaban tan buenos que creí que todavía estaba soñando en la cama. Había de todas clases, de todos los sabores imaginables. Homer Simpson habría muerto de un infarto si hubiera estado allí (de hecho, disponían de la mítica rosca rosa). Sobre todo si llega a probar el mío: un donut sin agujero, glaseado hasta los topes y con un relleno de mermelada de frambuesa al más puro estilo inglés que se caía por los bordes. De verdad, podría robar un bosque entero de raspberrys inglesas si hiciera falta.
Como estaba lloviendo a cántaros se truncaron los planes que teníamos para esa mañana, pero después de que una de mis amigas se transformara en el Piolín Maléfico (era un poncho magnífico, os lo aseguro), salimos a las empapadas calles dispuestas a improvisar otro camino. Recogiendo a nuestro compañero, acabamos en Hamley’s, el paraíso de los juguetes. Cinco pisos llenos de cositas monas (se me cayó la baba en la zona de Toy Story. Tenían de todo, por Dios), todo caro hasta temblar, pero con un personal que, con una sonrisa al entrar, te llamaba “kid”.
Ah, y tenían una zona reservada SOLO para Harry Potter.
Eso fue solo un anticipo, ya que por la tarde pensábamos colarnos en la première de la película costara lo que costase. El estreno era en Trafalgar Square, así que, ya puestos, tomamos calle abajo para llegar a parar en el Támesis, la emblemática zona junto al Big Ben. Nos hartamos a fotos y aprovechamos los dos minutos escasos en los que salió el sol, justo para contemplar y escuchar cómo el Big Ben daba las cuatro en punto.
Inmediatamente buscamos un sitio para comer, que no fue otro lugar más que un McDonalds pegadito a The London Eye (London ¡ay! para los amigos). Para esto prácticamente eran las cinco de la tarde. ¿Entendéis ahora lo de los horarios para comer?
Y después… A por las Reliquias de la Muerte.




Si tecleas "fiesta del colesterol" en Google Imágenes, seguramente aparezcan esos donuts, pero que ricos saben cuando hace un tiempo desapacible y estás en buena compañía!
ResponderEliminarTremendo el reportaje gráfico y el amor potteriano que reina en England.
Gracias por ilustrar un viaje tan interesante con palabras e imágenes!!!
Nos vemos pronto
Abrazo
Un bol de Mor