jueves, 4 de agosto de 2011

I am the walrus!

Quinto día de nuestro viaje, y segunda mañana en que perdemos el desayuno, esta vez por voluntad propia. Tras haber comprobado el día anterior que el fin del mundo no llega al levantarte más tarde de las diez (porque a escasos metros tenemos los donuts que nos lo devuelven), mis amigas y yo nos hemos dado el gustazo de quedarnos un poco más en la cama. Porque nosotras lo valemos *golpe de melena Loreal*
            Eso sí, no podíamos demorarnos mucho, porque por fin, esta mañana, hemos podido realizar ese plan tan anhelado como frustrado a lo largo de la semana. El tiempo, sin llegar a sonreírnos del todo, nos ha dado un descansillo para ir a la grandiosa, maravillosa y aclamada, Abbey Road.


            Oh, Dios, ha sido una de las mañanas mejor empleadas de mi vida, os lo puedo asegurar. Tanto por el lugar en el que me encontraba, como porque a mis amigas y a mí se nos fue el pinzorro y, cruzando el mítico paso de cebra, destrozamos a pleno pulmón Hey Jude. Llegamos a oír cómo John Lennon se retorcía en la tumba, pero chico, nos lo pasamos como enanas.
            Cómo explicaros el sitio. No sé si será cosa mía, pero creo que pude respirar el sonido de la música de todos los artistas que han grabado en aquel lugar. Es un enclave que todo friki amante de la música debería visitar alguna vez, porque de verdad, te sientes como en casa.

            Además, como podéis comprobar en la primera foto, se puede escribir en la pared. Lo que más me sorprendió fue que todas y absolutamente todas las dedicatorias (al menos todas las que me dio por leer, y creedme: no fueron pocas) estaban dedicadas bien a los Beatles, bien al rock’n’roll. Todo el amor por la música estaba impregnado en esas paredes, las cuales un hombrito muy majo y amable, cada no sé cuántos días, se encarga de repintar de blanco para que otros puedan escribir sobre ella nuevas dedicatorias. Por supuesto, mis amigas y yo no nos fuimos sin dejar nuestra huella sobre la cal.
            Pero aquella mañana todavía no se acabaría, y fuimos a visitar otro punto vital para todo friki: la majestuosa, prodigiosa y admirable, Baker Street. Residencia del brillante Sherlock Holmes y de su buen amigo, John Watson.
            Lamentablemente, la silla de ruedas de una de mis amigas no pudo hacer frente a las escaleras de la casa de Holmes, así que nos tuvimos que conformar con la tienda de souvenirs que, ahora os digo, no deja nada que desear. Cara a rabiar, eso sí, la tienda consta de dos habitaciones, una de las cuales con forma de salón, en la que dispones de todo tipo de muebles de finales de s. XIX: un teléfono, escritorios, un sofá de época, bastones de Watson, pipas de Holmes, cajas de música (que poseyeron el alma de una de mis amigas), y gorros que costaban un porrón de libras, pero que podías utilizar para hacerte todas las fotos que quisieras y creerte uno de los personajes de Conan Doyle durante unos segundos. Si es que amo Inglaterra.
            Ah, y por supuesto, tuvimos nuestra foto frente al 221B, con un cop súper majo que hablaba súper bajito.
            Acto seguido y unos metros más abajo, nos colamos en la tienda de los Beatles. Una monada de establecimiento con precios desorbitados y cosas que sobrepasan la categoría de monada. En fin.

            La tarde se nos echó encima, así que hicimos un alto en Marble Arch para comer nuestro delicioso pollo frito del KFC, mientras las palomas nos invadían y las mujeres musulmanas sacaban a relucir sus burkas sobre sus tacones de aguja. Cosas que no comprendo ni comprenderé.
            Terminamos nuestro día, aparte de cansados, en el Disney Store de Oxford Street (sí, tenemos un bucle espacio-temporal con Oxford Street), donde pude retozar en mi propia histeria cuando me topé con la esquina dedicada única y exclusivamente a Piratas del Caribe. Trazas de mi feliz infancia pasaron por mis ojos al contemplar todo aquello.
            Se ha acabado quedando buena tarde, pero el cansancio empieza a hacer estragos. Ahora voy a intentar tragarme un sándwich llamado “All Breakfast”, que contiene entre dos trozos de pan integral todo lo que los pérfidos albiones comen a primera hora de la mañana. Mis amigas han recogido mi testamento, no os preocupéis.
            Un abrazo y os quiere, MJ



            

viernes, 29 de julio de 2011

Harry Potter's première (2ª parte)

Desde el magnífico panorama del Big Ben, tomamos el rumbo a Trafalgar Square, dispuestos a asistir a la magnífica première (rima no intencionada).
            Misión que no tuvo éxito en absoluto, confesaré. La gente que tuvo acceso dentro de la plaza, bien era porque iba con entrada, bien porque había estado acampando durante varios días, y me temo que no era ninguno de nuestros casos. Habían colocado una pantalla gigante por la cual podíamos llegar a ver algo si nos colocábamos en los puntos estratégicos, pero la mala noticia es que todos los puntos estratégicos estaban ocupados.
            Así, abatidos y amedrentados por el sistema de seguridad londinense (en serio, si un poli inglés te dice: “Keep clear the, please”, tú lo haces sin dudarlo ni siquiera un segundo), nos arrastramos con la cabeza baja hasta Picadilly Circus.
            Donde, con el solo nombre de un edificio dorado, se nos abrió el cielo: “M&M’s Store”.
            En efecto, queridos, esa misma semana habían inaugurado unos almacenes de M&M’s. ¿Cómo es eso posible? Con tres pisos, decoración y sobre todo mucho chocolate: 

Camisetas, figuritas, teteras, estatuas de M&M’s y piezas de chocolate y cacahuete de todos, absolutamente todos los colores. Ah, y un par de tíos vestidos de M&M’s que se colaban en medio de todas las fotos que hacías, sobre todo si querías fotografiar esto:

            Después de darnos un atracón en Chinatown para aliviar las penas de la première fallida (las alivió y mucho, creedme), no sé cómo acabamos en Buckingham, unos cuantos kilómetros más abajo. Un bonito y cansado paseo por los alrededores del palacio de Elizabeth the Second, todo condenadamente precioso, dorado y verde, con guardias de caperuzón negro y casaca roja. Tan emocionados estábamos y tan exhaustos, que comenzamos a andar en el sentido equivocado y acabamos en Victoria Station, justo cuando la noche había decidido sorprendernos. Si prácticamente estábamos desvanecidos de puro cansancio, casi nos desmayamos definitivamente al darnos cuenta de que estábamos al otro lado del bottom del mundo.

            Pero de repente, nos poseyó Goku y, manteniendo en mente unas ansias tremendas de llegar a casa (el pensamiento alegre que nos permitió volar como si fuéramos Peter Pan), deshicimos el camino hasta Picadilly a una velocidad vertiginosa.
            No me digáis cómo (quizá robamos unas Nimbus de la première), pero en menos de media hora estábamos de nuevo junto a la estatua de Eros y en medio del bullicio de la noche londinense. Lástima que físicamente no pudiéramos quedarnos. Caminando un poco más, alcanzamos la parada de autobús.
            No he caminado más (rápido) en toda mi vida.
            Un abrazo de la que en realidad está muerta y os quiere, MJ

Desde lugares insospechados

Veamos... normalmente debería empezar presentando aquella ciudad en la que estado o el país (un poco más en general por si sólo lo he sobrepasado en un avión), sin embargo tenemos el problema de que todos aquellos exuberantes lugares provistos de cosas impresionantes, memorables e históricas no siempre van acompañados con una economía estable y disponible a todos los presentes (gente de a pié, mundana, no un dios como el que os está hablando). Así que he llegado a la conclusión de que el lugar más acertado del que puedo hablar, del que soy un experto y del cual cualquiera podría disfrutar; mi habitación.(Cuando todos volvamos la la rutina cotidiana cotidiana me haréis el chiste de "¿Se puede saber cuánta gente disfruta de tu habitación? Obviamente con segundas en la frase... Y de antemano os digo que sois todos muy graciosos, os felicito).
Sin más preábulos os presento Adansápolis.
Mucha gente(si...si... seguid riéndoos) que ha entrado en estos inhóspitos terrenos han salido sintiéndose extraños, diferentes... y no cabe duda de que se debe a el aura que envuelve éste lugar.
Está situada en el país de nunca jamás, si, ya sabéis, girando en la segunda estrella a la derecha, volando hacia el amanecer.
Aquí todo los días suceden cosas extrañas y se descubren cosas nuevas. Un nuevo jefe calcetín vuelve de los terrenos lejanos del fondo de la cama, quizás una despistada moneda aterriza sobre el suelo (suele entonces a haber varios tesoreros reclamando lo que, en su opinión, por derecho es suyo).
Reconozco que ser el dueño y señor de éste lugar no es muy complicado, aunque insisto en que mantener todo éste desorden no es fácil. ¿Sabías que es el único lugar donde se ha probado la teoría de "el equilibrio inestable" y en todas sus veces ha sucedido lo mismo?. El dicho de Adansápolis es "Lo bueno de ser desordenado es que cada día encuentras algo nuevo".
Supongo que tambien los principales monumentos (a parte de mí) son la guitarra, la mesita repleta de diferentes cosas (un giratiempo por ejemplo) y la biblioteca improvisada, debido a la reciente restauración de nuestro patrimonio.
El idioma predilecto es el argentino, un castellano con una tonada bastante interesante. La gente se pregunta porqué... Oh si amigos!! Soy argentino!!!
Creo que con eso me despido, no vaya a ser que tenga una rebolución con la ropa, que últimamente se amontona de forma peligrosa, creo que tienen pensado hacer un motín...
Un saludo desde Adansápolis.
Hasta pronto!!



martes, 26 de julio de 2011

Harry Potter's première (1ª parte)

Los españoles somos bien conocidos en el resto de Europa por nuestras costumbres tardías a la hora de comer. Mientras un inglés a las 7 de la mañana ya ha desayunado (de una manera que, a mi juicio, le puede servir para todo el día), un españolito está todavía dormido a pierna suelta y, si tiene la mala suerte de trabajar a esas horas, dad por seguro que no desayunará hasta pasadas un par de horas al menos.
            Y ya ni os cuento si el día anterior ha tenido que patear todo Londres para llegar al concierto de Darren Criss.
            El caso es que esta preciosa mañana de jueves, mis amigas y yo hemos perdido el desayuno del hotel. Entendednos: estábamos muertas, el cielo plomizo y sin un puñetero claro nos ambientaba con una oscuridad que invitaba al sueño, y el (violento) repiqueteo de la lluvia en la ventana nos relajó como si se tratara del sonido de esas fuentecitas chinas que venden en Alehop.
            Pero no todo estaba perdido, porque teníamos de nuestra parte esa red-salvavidas de supermercados 24 horas, Tesco. Allí, nos hemos hecho con un zumo y unos donuts que, cómo deciros… Estaban tan buenos que creí que todavía estaba soñando en la cama. Había de todas clases, de todos los sabores imaginables. Homer Simpson habría muerto de un infarto si hubiera estado allí (de hecho, disponían de la mítica rosca rosa). Sobre todo si llega a probar el mío: un donut sin agujero, glaseado hasta los topes y con un relleno de mermelada de frambuesa al más puro estilo inglés que se caía por los bordes. De verdad, podría robar un bosque entero de raspberrys inglesas si hiciera falta.
            Como estaba lloviendo a cántaros se truncaron los planes que teníamos para esa mañana, pero después de que una de mis amigas se transformara en el Piolín Maléfico (era un poncho magnífico, os lo aseguro), salimos a las empapadas calles dispuestas a improvisar otro camino. Recogiendo a nuestro compañero, acabamos en Hamley’s, el paraíso de los juguetes. Cinco pisos llenos de cositas monas (se me cayó la baba en la zona de Toy Story. Tenían de todo, por Dios), todo caro hasta temblar, pero con un personal que, con una sonrisa al entrar, te llamaba “kid”.
            Ah, y tenían una zona reservada SOLO para Harry Potter.


            Eso fue solo un anticipo, ya que por la tarde pensábamos colarnos en la première de la película costara lo que costase. El estreno era en Trafalgar Square, así que, ya puestos, tomamos calle abajo para llegar a parar en el Támesis, la emblemática zona junto al Big Ben. Nos hartamos a fotos y aprovechamos los dos minutos escasos en los que salió el sol, justo para contemplar y escuchar cómo el Big Ben daba las cuatro en punto.


            Inmediatamente buscamos un sitio para comer, que no fue otro lugar más que un McDonalds pegadito a The London Eye (London ¡ay! para los amigos). Para esto prácticamente eran las cinco de la tarde. ¿Entendéis ahora lo de los horarios para comer?

            Y después… A por las Reliquias de la Muerte.

lunes, 25 de julio de 2011

Despedidas por adelantado

Esta ya es mi ultima semana y estamos todos un poco melancolicos.
El sabado se fueron los chinos y los franceses. Ahora solo estamos 13 espanoles y el autobus parece muy vacio sin ellos. Quizas, al irse ellos, me he dado cuenta de que mi viaje se va terminando, que todo esta llegando a su fin.

Este fin de semana estuve en Edimburgo, una ciudad preciosa. El Art gallery, subir a la cima de Calton Hill y recorrer las calles de Princes Streer y la Royal Mile fue practicamente mi ruta de fin de semana.

Pronto estare de vuelta por Espana!
Nos vemos pronto, devoradores ;)

miércoles, 20 de julio de 2011

Kilómetros

Buenos días, Londres. Veo que hoy nos esperas con una mañana nublada de las tuyas, con un aire helado pariente cercano de la lluvia de ayer cruzando tus calles, ¿verdad?
            Una mañana para recordar, sin duda. Mis amigas y yo, muertas de cansancio por el día anterior, digamos que nos hemos levantado al filo de la hora a la que se acababa el desayuno del hotel, así que nos ha tocado correr para pillar las migajas de las tostadas y los grumos del zumo que quedaban en el comedor. Una lástima, pero bueno, hemos conseguido comer al fin y al cabo.
            No teníamos ningún plan fijo, así que hemos vuelto a gastar nuestro tiempo en esa preciosa callecita del centro de Londres, Oxford Street, en comprar y comprar todas esas cositas que estaban, para nuestra sorpresa, tiradas de precio. Hemos encontrado de todo: camisetas, autobuses chiquititos, tazas, bolsos, banderitas, ropa interior, camisetas con la cara de William y Kate, tazas con la cara de William y Kate, bolsos con la cara de William y Kate, banderitas con la cara de William y Kate y espero que no hubiera ropa interior con la cara de William y Kate.
            Y, finalmente, llegamos a la estrella del show. La grande, la majestuosa, la magnífica, HMV.
            ¿Qué tiene esta tienda que no dejas de hablar de ella? Queridos, este es el lugar con el que todos hemos soñado algún día, pero nos negábamos a creer que fuera real. HMV es una tienda de tres amplios pisos, en los que puedes encontrar música, DVDs de música, películas, series, videojuegos, libros, libros de música, libros de músicos, libros de películas, libros de series, revistas de música, postres, camisetas de música, de series y de películas.
            De verdad, creí que me daba un pasmo en cuanto pisé por primera vez ese sitio (sobre todo si añadimos que a la izquierda tenían una pared empapelada de arriba abajo con la portada de The King’s Speech). Cada piso está dividido, y cada división dedicada a un estilo de música: pop/rock y parientes, blues/jazz y más parientes y el apartado de clásica. En otro piso, encontramos las películas y las series de todas clases, nacionalidades (eso sí, ni rastro de música y/o cine españoles), años y estilos, con unos precios demasiado baratos como para creerlo en un primer momento.
            Pero todo aquello que se erguía ante mis ojos era cierto, así que sin ningún reparo empecé a soltar las libras en las que he transformado mi beca. Y así, por unas nimias 38 pounds, me compré una serie entera (Mr . Bean), una temporada de otra (La víbora negra, la cual recomiendo porque es hilarantemente inglesa), un conocido disco como regalo para una amiga y el último libro de Stephen Fry. Treinta y ocho libras, pequeños. Unos 43 euros con unos pocos céntimos. ¿Para qué te dan 43 euros en el Corte Inglés? Ni para la mitad de todo esto.
            Eso sí, la tarde fue un poco más turbulenta. Dentro de la inmensa Londres y de sus inmensas líneas de autobús, nos perdimos de camino a The Garage, donde Darren Criss, Blaine de Glee para los amigos, nos esperaba para un concierto. Con un secuestro por parte de uno de los conductores (lo pasé muy mal al ver la cara de terror de mis dos amigas fuera del autobús) y tras una caminata de, sin exagerar, cinco kilómetros, llegamos al dichoso garaje, cuarenta minutos después y con un cabreo de tres pares.
            Pero bueno, la voz de Blaine digamos que lo vale y el disgusto se nos pasó en cuanto entramos. Con esa sonrisa, ese pelo y esas notas de guitarra (y de piano) no iba a ser menos. Kurt no apareció por ninguna parte, eso sí, pero como morimos en plena Teenage Dream, nos pudimos recuperar.
            Tras el concierto, otro paseíto de varios kilómetros hasta Trafalgar Square, donde los harrypotteros se preparaban con sus sacos de dormir para la anhelada premiere que, como se celebra mañana, os lo cuento en la siguiente entrada.
            Un abrazo de la que está cenando un helado de Ben & Jerry’s, MJ   

martes, 19 de julio de 2011

10.000


Parece que fue ayer, pero ya hace unos cuantos meses que nos mudamos de plataforma y nuestros amigos han seguido el rastro. Gracias por estar siempre ahí. Todas las recomendaciones, reseñas, comentarios, "idas de olla" tienen sentido gracias a los que teclean www.contenedordeoceanos.com al otro lado de la pantalla.
Desde el norte, sur, este y oeste os lo agradecemos. El Contenedor de Verano-Contenedores Viajeros continua su periplo, pero en septiembre os esperamos en tierra firme con nuevos proyectos...