viernes, 29 de julio de 2011

Harry Potter's première (2ª parte)

Desde el magnífico panorama del Big Ben, tomamos el rumbo a Trafalgar Square, dispuestos a asistir a la magnífica première (rima no intencionada).
            Misión que no tuvo éxito en absoluto, confesaré. La gente que tuvo acceso dentro de la plaza, bien era porque iba con entrada, bien porque había estado acampando durante varios días, y me temo que no era ninguno de nuestros casos. Habían colocado una pantalla gigante por la cual podíamos llegar a ver algo si nos colocábamos en los puntos estratégicos, pero la mala noticia es que todos los puntos estratégicos estaban ocupados.
            Así, abatidos y amedrentados por el sistema de seguridad londinense (en serio, si un poli inglés te dice: “Keep clear the, please”, tú lo haces sin dudarlo ni siquiera un segundo), nos arrastramos con la cabeza baja hasta Picadilly Circus.
            Donde, con el solo nombre de un edificio dorado, se nos abrió el cielo: “M&M’s Store”.
            En efecto, queridos, esa misma semana habían inaugurado unos almacenes de M&M’s. ¿Cómo es eso posible? Con tres pisos, decoración y sobre todo mucho chocolate: 

Camisetas, figuritas, teteras, estatuas de M&M’s y piezas de chocolate y cacahuete de todos, absolutamente todos los colores. Ah, y un par de tíos vestidos de M&M’s que se colaban en medio de todas las fotos que hacías, sobre todo si querías fotografiar esto:

            Después de darnos un atracón en Chinatown para aliviar las penas de la première fallida (las alivió y mucho, creedme), no sé cómo acabamos en Buckingham, unos cuantos kilómetros más abajo. Un bonito y cansado paseo por los alrededores del palacio de Elizabeth the Second, todo condenadamente precioso, dorado y verde, con guardias de caperuzón negro y casaca roja. Tan emocionados estábamos y tan exhaustos, que comenzamos a andar en el sentido equivocado y acabamos en Victoria Station, justo cuando la noche había decidido sorprendernos. Si prácticamente estábamos desvanecidos de puro cansancio, casi nos desmayamos definitivamente al darnos cuenta de que estábamos al otro lado del bottom del mundo.

            Pero de repente, nos poseyó Goku y, manteniendo en mente unas ansias tremendas de llegar a casa (el pensamiento alegre que nos permitió volar como si fuéramos Peter Pan), deshicimos el camino hasta Picadilly a una velocidad vertiginosa.
            No me digáis cómo (quizá robamos unas Nimbus de la première), pero en menos de media hora estábamos de nuevo junto a la estatua de Eros y en medio del bullicio de la noche londinense. Lástima que físicamente no pudiéramos quedarnos. Caminando un poco más, alcanzamos la parada de autobús.
            No he caminado más (rápido) en toda mi vida.
            Un abrazo de la que en realidad está muerta y os quiere, MJ

1 comentario:

  1. La foto de los M&M´s me recuerda a las que nos hemos hecho todos juntos en la tercera planta alguna vez :) Yo sin ir más lejos me veo muy identificado con la pastillita roja que parece cruzar Abbey Road!
    Abrazos grandes. Que grandes crónicas

    ResponderEliminar